Centro de interpretación de las fortalezas transfronterizas Baixo Miño

A Guarda | Galicia | Spain

CONTEXTO

El castillo de Santa Cruz es una estructura defensiva de carácter “modesto” que, sin embargo, se inscribe como un elemento singular en el extraordinario contexto de fortines, atalayas y “fachos” o alcanforas que se erigieron en los siglos XVII y XVIII a lo largo de las márgenes del Miño. En la actualidad destaca no por su relevancia constructiva o militar, sino por su especial ubicación, ya que construye el eslabón final de toda la cadena defensiva fronteriza.

Desde el punto de vista fisiográfico, el castillo se asienta sobre una pequeña elevación rocosa a 73m de altitud sobre el nivel del mar (base del Baluarte de la Cruz) de la plataforma litoral de A Guarda. El ámbito de la corona defensiva que rodea el castillo se desarrolla aproximadamente entre las cotas 50 y 73 respecto al nivel del mar. De esta forma, todo el conjunto adquiere una posición de especial relevancia topográfica en relación al casco urbano de la villa marinera, en claro diálogo con el monte de Santa Tecla. Las trazas del desarrollo urbanístico de A Guarda llevarán a que, en pocos años, este ámbito adquiera, además de su relevancia topográfica, una posición de centralidad en el conjunto de la zona urbana de la villa.

El centro de interpretación se ubica dentro de la fortaleza transfronteriza de A Guarda. Este despacho también ha realizado la primera de las fases de la recuperación de la fortaleza definiendo las trazas generales y los criterios de intervención. No obstante, NO hemos realizado la segunda de las fases promovida por el Ayuntamiento de A Guarda.

En función de esta relevancia topográfica y de posición y a la vista de los valores patrimoniales y ambientales detectados en el conjunto, se decide la ubicación del Centro de Interpretación de las Fortalezas Transfronterizas del Baixo Miño en el ámbito del Castillo de Santa Cruz. Su condición singular de eslabón final en la cadena defensiva y el elevado reclamo turístico constituido por la villa de A Guarda son elementos decisivos.

EL CENTRO DE INTERPRETACIÓN

El Centro de Interpretación de las Fortalezas Transfronterizas del Baixo Miño se ha articulado en dos partes relacionadas entre sí:

1º- Una construcción ya existente en el conjunto resuelta mediante una fábrica maciza y masiva que servirá de espacio de difusión y exposiciones.
Esta edificación servirá igualmente como testigo del reciente pasado residencial del conjunto.

2º- Tres pequeños pabellones de nueva planta que, de acuerdo con el pasado militar de la fortaleza y la propia disposición de los pabellones militares, se plantean como elementos ligeros pero resistentes, de construcción “seca”. La estructura y el panelado exterior de acero aportarán el acabado fundamental.
Estos pequeños pabellones servirán de espacio previo de recepción, bar-terraza y aseos.

Entre la construcción preexistente y los pequeños pabellones se tiende un gran umbral o zona cubierta. Aquí hay capacidad para acoger grupos y proporcionar el necesario espacio de relación y acogida, con sombra en verano y protección frente a las inclemencias meteorológicas en la época invernal.

 

 

BREVE RESEÑA HISTÓRICA. Castellano

El castillo de Santa Cruz surge en el contexto de la denominada “Guerra de Restauración” (1640-1668), en la que Portugal recupera su independencia frente al Reino de España.

En los primeros 20 años -años de escaramuzas- se construyen numerosas fortalezas a lo largo del “Baixo Miño” de cara a establecer fortines en caso de auténtica guerra. Ésta se recrudece a partir de 1659, cuando finaliza la Guerra de los 30 años y se firma la Paz de los Pirineos, con la consiguiente “desocupación” de efectivos de los ejércitos españoles. Esto se da, sobre todo, a partir de 1660 con la entrada de Inglaterra en el bando portugués.

En 1663, tras la toma de Goián por las tropas lusitanas y ante la debilidad y deterioro de sus defensas, se consideró necesario construir un fuerte que defendiese la Villa de A Guarda y, al mismo tiempo, dificultase el paso de las tropas enemigas hacia Baiona. Es por ello que el castillo de Santa Cruz se inscribe como un elemento más en ese contexto de fortines, atalayas y “fachos” o alcanforas que se erigieron todo a lo largo de los márgenes del Miño. En la actualidad destacan no por su especial relevancia constructiva o militar, sino por su singular ubicación, ya que constituyen el eslabón final de toda la cadena defensiva fronteriza.

El fuerte o castillo de Santa Cruz se construyó entre 1663 y 1664, ya que en éste último año D. Luis Poderico, Capitán General de Galicia, comunicó a la Corte:
“La Guardia está ya en defensa con un fuerte de cuatro baluartes de piedra, pero faltan los cuarteles, y hacer una cisterna para agua, porque no se ha podido hallar y se meterá en pipas mientras se acaba la cisterna”.

Su primer Maestre de Campo y Gobernador fue Jorge de Madureira. No hacía un año de su construcción cuando quedó sitiado por una expedición portuguesa el 11 de noviembre de 1665. La noche del sábado 21 de noviembre de 1665, los portugueses asaltaron y superaron las defensas exteriores del castillo. Al día siguiente, la escasez de municiones y alimentos, así como tres minas que colocaron los portugueses, hicieron capitular el castillo al jefe enemigo D. Joao Manso.
De estas fechas de ocupación se supone la construcción de la Atalaya que se erigió en el puerto Guardés, completando la defensa portuguesa de la villa. Era un torreón circular de piedra de 20 metros de diámetro y ocho de altura, dotado de una cámara abovedada interior que servía de polvorín sobre la que se disponía una plataforma para la artillería y la garita del centinela. Fue demolida en el año 1943, existiendo en la actualidad una réplica de la misma.
Hasta que finalizó la guerra, el fuerte fue una avanzada portuguesa, y sólo con la paz de 13 de febrero de 1668 volvió a ser parte del Estado Español (los portugueses evacuaron el castillo el primero de mayo de 1668).

A mediados del siglo XIX, con el cambio de las tácticas bélicas y en el contexto de las dificultades económicas del Estado Español (desamortización), se realiza un levantamiento planimétrico del castillo y sus alrededores el 24 de mayo de 1854 que se remite en 1856 por el Tribunal de Guerra para que sea desamortizado o vendido en diferentes fincas. El último gobernador fue el capitán Juan Manuel Péres González y el último capellán Bernardo Vicente Patiño, que dejaron el castillo en 1855.

En el año 1860, el Estado vende el castillo a distintos propietarios mediante subasta pública. Desde ese momento el castillo pierde su carácter militar y desaparecen en su totalidad las edificaciones interiores originales de la fortaleza. Estas son sustituidas por otras de nueva planta (vivienda y anexos) acordes con las necesidades de uso de los nuevos propietarios civiles. Al mismo tiempo, su espacio interior se transforma en un abigarrado jardín y se ocupan en gran parte sus estructuras defensivas exteriores con nuevos usos y diversas construcciones.

¿QUE ES UN BALUARTE?

En líneas generales, un baluarte se distingue de la muralla medieval tradicional por el mayor grosor de su muro, por la caída en talud del mismo y por una traza de lienzo ni recta ni torreada, sino más bien de traza “estrellada. Esta traza está dotada de fuertes salientes de gran tamaño que permiten la defensa de los accesos, puertas, lienzos y zonas más desprotegidas del conjunto. Además, sirven como puntas o plataformas avanzadas y alzadas desde las que se disparan los cañones de la defensa, consiguiendo un mayor alcance alrededor del fortín.

Rodeando al fortín abaluartado está el foso de protección, antes una simple zanja perimetral de mayor o menor anchura y profundidad, que sufre un gran aumento en su complejidad al añadirle nuevas estructuras, a veces de gran complejidad de trazado, que conformarán la denominada “corona” en base a la combinación geométrica de medias lunas o revellines, parapetos, entradas cubiertas, lunetas y fosos que buscan el establecimiento de una primera línea defensiva de la fortaleza que precisaba de lucha cuerpo a cuerpo o de disparos muy certeros de la artillería enemiga para ser rebasada.

La vigencia de los baluartes se extendió hasta bien entrado el siglo XIX, momento en el que las armas desarrolladas a tenor de la Revolución Industrial, con mayor alcance y precisión, así como las bombas de mayor poder destructivo, demostraron la vulnerabilidad de las fortificaciones permanentes.

El castillo de Santa Cruz es de forma irregular, consta de cuatro baluartes, cuatro medias lunas y un foso que circundaba el lienzo, dispuesto entre éste y la estrada cubierta. Carecía de foso exterior.

 

Breve recensión histórica. Galego.

O castelo de Santa Cruz xurde no contexto da denominada “Guerra de Restauración” (1640-1668) na que Portugal recupera a súa independencia fronte ó Reino de España.

Nos primeiros 20 anos -anos de escaramuzas- constrúense numerosas estruturas defensivas ó longo do Baixo Miño, xerando un verdadeiro sistema de fortificacións que buscaban asegurar a integridade territorial de ámbolos dous Estados en caso de auténtica guerra. Esta recrudécese a partir de 1659, cando finaliza en Europa a Guerra dos 30 anos coa sinatura da Paz dos Pirineos, e se produce a conseguinte desocupación de efectivos dos exércitos españois e a entrada de Inglaterra no bando portugués.

En 1663, despois da toma de Goián polas tropas lusas e ante o deterioro das súas febles defensas, considerouse necesario construír un forte que defendese a Vila de A Guarda e, ó mesmo tempo, dificultase o paso das tropas inimigas cara Baiona e Vigo. É por iso que o castelo de Santa Cruz se inscribe como un elemento máis nese contexto de fortíns, atalaias e “fachos” ou “alcanforas” que se erixiron ó longo das marxes do Miño, destacando na actualidade non pola súa especial relevancia construtiva ou militar, senón pola súa singular ubicación ó constituír o elo final de toda a cadea defensiva fronteiriza.

Estímase que a fortaleza xa estaba moi avanzada no ano 1664, segundo se desprende da comunicación que D. Luís Poderico, Capitán Xeneral de Galicia naqueles anos, remite á Corte:

“La Guardia está ya en defensa con un fuerte de cuatro baluartes de piedra, pero faltan los cuarteles, y hacer una cisterna para agua, porque no se ha podido hallar y se meterá en pipas mientras se acaba la cisterna”.

O seu primeiro Maestre de Campo e Gobernador foi Jorge de Madureira. Non había un ano da súa construción cando, na noite do sábado 21 de novembro de 1665, unha expedición portuguesa asaltou e rebasou as defensas exteriores do castelo. Ao día seguinte, a escaseza de municións e alimentos, así como tres minas que oportunamente colocaron os portugueses baixo a muralla, fixeron capitular o castelo perante ó xefe inimigo, D. Joao Manso.

Ata que rematou a guerra, o forte foi unha avanzada portuguesa e tan só coa paz do 13 de febreiro de 1668 volveu ser parte do Estado Español (os portugueses evacuaron o castelo o primeiro de maio de 1668).
En 1854 realízase un levantamento planimétrico do castelo e a súa contorna. Co cambio das tácticas bélicas e no contexto das dificultades económicas do Estado Español, o Tribunal de Guerra inclúe a Santa Cruz en 1856 na relación de bens para seren desamortizados ou vendidos en diferentes lotes. O último gobernador do castelo foi o capitán Juan Manuel Péres González, e o último capelán Bernardo Vicente Patiño, quenes deixaron o castelo en 1855.

No ano 1860 o Estado vende o castelo a distintos propietarios mediante poxa pública. Dende ese momento perdeu o seu carácter militar e desapareceron na súa totalidade as edificacións interiores orixinais da fortaleza, que foron substituídas por outras de nova planta (vivenda e anexos) acordes coas necesidades de uso dos novos propietarios civís, á vez que o seu espazo interior se transforma nun abigarrado xardín. Na coroa exterior ocúpanse gran parte das súas estruturas defensivas con novos usos e diversas construcións, provocando a súa parcial desaparición.

Dende o ano 2006, a Dirección Xeral do Patrimonio Cultural da Consellería de Cultura, Educación e Ordenación Universitaria da Xunta de Galicia e o Concello de A Guarda traballan conxuntamente na recuperación integral e posta en valor da fortaleza de Santa Cruz.

¿Que é un baluarte?

En liñas xerais, un baluarte distínguese da muralla medieval tradicional polo maior grosor do seu muro, na caída en noiro do mesmo e nunha traza de lenzo con forma de estrela, dotada de fortes saíntes de gran tamaño que permiten a defensa dos accesos, portas, lenzos e zonas máis desprotexidas do conxunto, ó mesmo tempo que serven como puntas ou plataformas avanzadas e alzadas desde as que se disparan os canóns da defensa, conseguindo un maior alcance ó redor do fortín.

Ao foso de protección do fortín, antes unha simple gabia perimetral de maior ou menor anchura e profundidade, engádenselle novas estruturas de gran complexidade que conformarán a denominada “coroa” exterior da fortaleza en base á combinación xeométrica de medias lúas ou revellíns, parapetos, estradas cubertas, lunetas e fosos que buscan o establecemento dunha primeira liña defensiva da fortaleza que precisaba de loita corpo a corpo ou de disparos moi acaídos da artillería inimiga para ser pasada.

A vixencia dos baluartes esténdese ata ben entrado o século XIX, momento no que as novas armas desenvolvidas cos avances técnicos da Revolución Industrial, de maior alcance, precisión e poder destrutivo, demostraron a vulnerabilidade destas fortificacións.

A fortaleza de Santa Cruz ten forma de rectángulo irregular e está dotada de catro baluartes, catro medias lúas e un foso que circundaba o lenzo murado, disposto entre este e a estrada cuberta. Non tiña foso exterior.

público | public : Xunta de Galicia

Fotógrafo: Hector Santos-Díez

Responsable de Seguridad y Salud; Director de Ejecución : Miguel Barriga García (Corresponsable en segunda fase: Antonio Carballo)

Estructuras : Reboreda Ingeniería; Cristina Crespo Galego

Empresa constructora (obras de remate): Desarrolla

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